martes, 8 de noviembre de 2016

NOVEDADES


 
Y aquí tenéis algunos libros más adquiridos en enero de 2016 para la biblioteca, entre ellos los que manda el departamento de Lengua como lecturas para los distintos cursos:

Juvenil y adulto

 

TÍTULO
AUTOR
EDITORIAL
CANTIDAD
Pídeme la luna
Care Santos
Edebé
1
Crepúsculo
Stephanie Meyer
Alfaguara
1
Serie “Fairy Oak” :
El encanto de la oscuridad
Elisabetta Gnone
Marenostrum
1
El Lazarillo
Anónimo
Vicens Vives
1
La Celestina
Fernando de Rojas
Oxford
1
La guerra civil contada a los jóvenes
Arturo Pérez Reverte
Alfaguara
1
99 trucos de supervivencia en el cole
Lola González
Montena
1
101 cosas que deberías hacer antes de ser mayor
VVAA
Planeta
1
El diario completamente verídico de un indio a tiempo parcial
Sherman Alexei
Siruela
1
El último pirata
Juan Pedro Delgado
Palabra
1
Qué hace mi gato cuando no estoy
Carolina Paul
Ariel
1
El principito
Saint-Éxupery
Salamandra
9
Le petit prince
Saint-Éxupery

1
La evolución de Calpurnia Tate
Jacqueline Kelly
Roca
1
El curioso mundo de Calpurnia Tate
Jacqueline Kelly
Roca
1
Cosas que le diría yo a mi pequeño
Luza y Lana
Temas de hoy
1
La luna no está
Filer Nathan
Alianza
1
La página escrita
Jordi Sierra i Fabra
SM
2
Cazadores de sombras los orígenes:
-         Angel mecánico
-         Príncipe mecánico
-         Princesa mecánica
Cassandra Clare



1
1
1
Mentes poderosas
Alexandra Bracken
Molino
1
La lección de August
R.J. Palacio
Nube de Tinta
1
La quinta ola
Rick Yancey
Molino
1
Croquetas y wasaps
Begoña Oro
Ediciones SM
1
Amor y otras palabras extrañas
Erin Macchan
Alfaguara
1
Ana de las Tejas Verdes
Lucy Maud Montgomery
El toro mítico
2
Yo
Jordi Sierra i Fabra
SM
1
50 Lugares mágicos de Extremadura
Isabel Espino

1
Purga
Sofi Oksanen

1
El tren de los huérfanos
Christina Baker Kline
S.A. Ediciones B
1
Flores en el ático
Virginia C. Andrews
Debolsillo
1

viernes, 3 de junio de 2016

RESISTENCIA



“Los vencedores no saben lo que se pierden”


Resultado de imagen de emil zatopek

 El atleta Emil Zátopek (Koprivnice, 1922-Praga, 2000), en una imagen de 1954

Praga, 27 de junio de 1968. Como cada día Emil Zátopek realizaba su entrenamiento diario. Llevaba toda su vida corriendo varios kilómetros al día. 16 años antes, en las Olimpiadas de Helsinki de 1952, se había convertido en el primer atleta (algo que probablemente nadie iguale nunca) en ganar las tres pruebas de fondo: los 5000 metros, los 10000 metros y el maratón. De ahí su apodo de la “locomotora humana”. Nunca en su vida había dejado de correr. Se inventó su propio sistema especial de entrenamiento, corriendo en las condiciones más difíciles, calzando botas militares, con la idea de que en el momento de la prueba correr fuese un alivio, un alivio llegar. A causa de esos extenuantes entrenamientos, a la hora de correr se mostraba una mueca en su cara que denotaba auténtico dolor.



Como decíamos, su proeza fue completar la victoria en los 5000 y 10000 metros en las Olimpiadas de 1952, añadiendo la victoria en el maratón. En una carrera como el maratón, no es normal que alguien corra una prueba oficial sin haber hecho nunca esa distancia, pero eso fue lo que Zátopek iba a hacer; se retó a sí mismo y siendo su primer maratón logró la hazaña de conseguir la medalla de oro en unas Olimpiadas.

Resultado de imagen de emil zatopek
Pero nos habíamos situado a finales de junio de 1968. En Checoslovaquia, el “Socialismo de rostro humano” de Alexander Dubcek pretendía conseguir acabar con la sumisión a la URSS, que en ese momento impedía a Checoslovaquia vivir en libertad. La “Primavera de Praga” era un llamamiento a la dignidad y a la libertad, y Emil Zátopek había apoyado la causa, porque era lo que sentía que debía hacer.

En esa mañana de comienzos del verano de 1968, Emil Zátopek, que iba corriendo como siempre hacia su lugar de trabajo como preparador físico de los jóvenes soldados del ejército checoslovaco, se encontró con alguien que le advirtió de la necesidad de mostrarse fiel al régimen y no respaldar el Manifiesto de la Primavera de Praga. Pero el corredor, ese mismo día, mostró públicamente su apoyo a la idea de un nuevo socialismo, firmando el Manifiesto de la Primavera.

Mes y medio después,  las tropas soviéticas entraban en Checoslovaquia y tomaban la capital, la Primavera de Praga había sido aplastada con las armas y la esperanza del pueblo checoslovaco se esfumaba. A Zátopek le ofrecieron perdonarle su “desacato” al régimen si se arrepentía, pero él no lo hizo, aunque sabía que perdería su puesto de trabajo como entrenador en el ejército.  Ahora es cuando aparecen el tesón y la resistencia que había adquirido corriendo. Le amenazaron, pero él prefirió resistir y demostrar que podía aguantar, eso era lo que llevaba haciendo toda su vida gracias al atletismo, sabía que podía conseguirlo. Por muy dura que fuera su nueva vida, tenía que demostrarse a sí mismo que podía resistir.

Tuvo que empezar a ganarse la vida en condiciones muy difíciles, primero como albañil y más tarde el régimen le obligó a trabajar como minero en una mina de uranio. A pesar de las posibilidades que se le ofrecieron de poder huir al extranjero (era una persona reconocida) y llevar una vida mucho más cómoda, lo que había hecho siempre era resistir y así lo haría hasta el final.

Y claro que resistió, Praga siguió viendo a la “locomotora humana” día tras día, con esa mueca de dolor en su cara, pero con la satisfacción de saber que había resistido, que había llegado a la meta sin ser vencido, demostrando, como lo había hecho en las carreras de fondo, que lo importante es llegar al final, esforzándose uno mismo; sin luchar contra nadie, sino contra las pruebas que uno se pone a sí mismo. Una lección sin duda.
Emile Zátopek murió el 21 de noviembre de 2000 a los 78 años. 




-Echenoz, J. Correr. Anagrama, 2010.
Un par de libros si te interesó la historia:
Resultado de imagen de correr libro




-Riccarelli, Ugo. Un helado para la gloria. Madrid, Maeva, 2004.













Enrique González Calderón (profe de historia)




miércoles, 25 de mayo de 2016

REFUGIADOS...



Resultado de imagen de refugiados sirios
Hace tres semanas que llegué al campañento. Hace dos que se supone que debería haberme marchado de él. Al menos eso es lo que afirmaron los europeos que gestionaban el campamento. Cuando llegué aquí huyendo de la guerra, cansada por el largo camino, muerta de hambre y enferma, se acercaron a mí con mantas, comida, medicinas y la promesa de un hogar.


No confio en ellos. Los demás refugiados insisten en que debería ser más amable, que ellos nos ayudan y que así ningún país me aceptará.

Ellos los creen, aceptan las tiendas de campaña con gusto después de haber estado sin ningún sitio en el que dormir aparte del suelo, se aferran a sus promesas de una casa en un lugar estable, en el que puedas dormir tranquilo por las noches sin miedo a morir en cualquier momento, sin que el sonido de gritos armas y bombas te impida cerrar los ojos y descansar.

Pero yo se que mienten, que están llenos de promesas vacías. Yo veo cómo nunca te miran directamente a los ojos cuando nos hablan, yo oigo los susurros que los demás no quieren oír.

Llevo mucho tiempo, demasiado, cuidando de mi misma, desconfiando de todo y de todos, se esconderme y guardar silencio cuando lo necesito. Por eso se que muchos países se han negado a aceptarnos. Sí, esos países que tanto presumen de su libertad, de su igualdad, de cómo todos tenemos derechos. Derecho a vivir, derecho al refugio. Esos países que ahora se limitan a pagar a otros para que se ocupen de ese problema que quieren barrer bajo la alfombra mientras se tapan los ojos e intentan olvidarnos.

Puedes verlo cuando los días se convierten en semanas y las semanas en meses y aún permanecemos aquí, lo puedes ver en cómo las provisiones van desapareciendo, en cómo cada vez hay menos espacio y recursos.

Las personas que antes estaban llenas de esperanza, que pensaban que tendrían algo mejor después de todo el sufrimiento y el dolor, están empezando a sucumbir al cansancio y a la amargura y esos sentimientos de alegría se van convirtiendo en rencor, ira y desesperación.

Y es tan difícil aferrarse a la esperanza cuando has pasado por tanto, ¿cuántas veces puedes pisotear a alguien sin que éste acabe hundido en el odio?

Estamos hartos, hartos de ser tratados como asesinos y violadores por algunos países, y como una obra benéfica por otros. El tiempo, al igual que los soldados no conoce la piedad, y no se detiene para nadie. Mucho menos para nosotros los desechos de la humanidad.

Nuestra situación, nuestras vidas, nuestro futuro, pende de un hilo. Nunca hemos tenido la oportunidad de decidir, nosotros no elegimos esta guerra, no elegimos venir aquí, las circunstancias lo hicieron por nosotros y todavía… todavía no somos libres, seguimos dependiendo de terceros para decidir cómo vivir nuestra vida. Estamos completamente a merced de otros países, de otras personas, muchas de ellas nos odian sin siquiera conocernos, muchos de ellos nos desean la muerte.

Pierdes las ganas de vivir, te planteas si vale la pena seguir con una vida de miseria, si no estarás mejor en el otro lado. Pero sigues luchando, porque es lo que somos supervivientes y aunque quisiésemos, no sabemos cómo rendirnos. Supongo que somos demasiado obstinados, o simplemente estamos demasiado arraigados a la vida que no queremos dejarla sin luchar. Tal vez luchamos por sobrevivir porque no hemos podido hacer nada por nuestro país o situación, quizás nuestra vida es lo único que nos queda. Y lo único que no nos vamos a resignar a perder nunca.

María Moreno Corvillo (4º ESO)























jueves, 21 de abril de 2016

REBELDES CON CAUSA

Esta sección nace a propuesta de Enrique González Calderón, profe de Historia, con la intención de presentar distintas historias de personas que lucharon contra la injusticia.  Con ello, además de darlas a conocer, queremos hacerles nuestro pequeño homenaje para que esa lucha no quede en el olvido, y al mismo tiempo nos sirva de inspiración, ya que SIEMPRE hay que luchar, aunque sepamos de antemano que no venceremos...

Aquí va la primera de ellas...



LA ROSA BLANCA

“Todavía brilla el sol”, estas fueron las últimas palabras de Sophie Scholl el 22 de febrero de 1943, poco antes de morir en Munich junto a su hermano Hans y a su amigo Christ Probst, todos ellos miembros de la Rosa Blanca. 
 





Sophie Scholl entre su hermano Hans (izquierda)y Christ Probst (derecha) poco antes de la partida de estos hacia el frente oriental como auxiliares sanitarios en 1942.




¿Pero...., qué fue la Rosa Blanca?

Pues una demostración de que no todos los alemanes apoyaron y se sometieron al nazismo, no, no todos, y un claro ejemplo fueron los jóvenes estudiantes de la Universidad de Munich que formaron la Rosa Blanca, que, usando la palabra escrita, lucharon para despertar la conciencia de la sociedad alemana frente a la barbarie del nazismo.

En 1941 Hans Scholl y Alexander Schmorell, estudiantes de Medicina en Munich, contrarios a la falta de libertad bajo el nazismo y a lo que la Segunda Guerra Mundial estaba suponiendo para la población alemana y europea, decidieron organizarse junto a otros compañeros estudiantes como Willi Graf y Christ Probst, además de uno de sus profesores, Kurt Huber, en un grupo al que llamaron Rosa Blanca. Todos ellos y Sophie, la hermana de Hans,  que se uniría tiempo después cuando empezó a estudiar en Munich Biología y Filosofía, decidieron que era el momento de actuar frente a un régimen cuya brutalidad era ya insoportable. Además, esta rebeldía no venía solo por lo que los componentes de la Rosa Blanca vivían en Alemania, sino también por lo que algunos de ellos habían visto en el viaje que, como voluntarios para auxiliar a los soldados alemanes en el frente de guerra contra la URSS, habían realizado por Europa oriental en el verano de 1942. El horror de la guerra provocada por su país, la matanza de población civil, la persecución contra los judíos de toda Europa…fueron las causas que llevaron a la Rosa Blanca a actuar de manera más decidida contra el nazismo.

El grupo decidió que el arma más poderosa era la palabra, y a ella iban a recurrir para despertar la conciencia de la adormecida sociedad alemana. Su forma de actuar consistió en la redacción de hojas y octavillas que repartían por distintas zonas de Munich y otros lugares de Alemania, con la esperanza de que quien las leyera se percatara de que era el momento de sumarse a la lucha contra la dictadura nazi.

Si se le echa un vistazo a los textos que la Rosa Blanca distribuyó resulta sorprendente la honestidad, el compromiso y la valentía de los jóvenes del grupo.  Sirvan como ejemplo:

Nada es más indigno para un pueblo civilizado que dejarse “gobernar”, sin oponer resistencia, por una camarilla irresponsable que se deja llevar por sus bajos instintos… ¿Por qué se comporta tan apáticamente el pueblo alemán frente a todos esos crímenes horrendos  e inhumanos? Prácticamente nadie reflexiona sobre esto. Se acepta como un hecho y se olvida. De nuevo, el pueblo alemán, duerme un sueño estúpido y sordo, y anima y da ocasión a los criminales fascistas a seguir actuando…y lo siguen haciendo…

Estos escritos demuestran la confianza del grupo en que la rebelión del pueblo podía cambiar las cosas, y despertar ese sentimiento de resistencia era su objetivo con las hojas que escribían y distribuían.

Durante los meses de enero y febrero de 1943, las actividades de la Rosa Blanca fueron frenéticas. Por el día los miembros del grupo continúan con su vida normal asistiendo a las clases; por las noches imprimen las hojas y las distribuyen. Además, también comienzan a hacer pintadas. Esta intensidad de trabajo de la Rosa Blanca hizo que la Gestapo empezara a preocuparse y a iniciar la búsqueda de los autores de las hojas. La aparición de pintadas y de panfletos en otras ciudades del sur de Alemania comienza a inquietar a las altas esferas del partido nazi, informándose al gobierno de Berlín e iniciándose una comisión investigadora.
El 18 de febrero de 1943 Hans y Sophie repartirán en la Universidad de Munich la que será la última hoja de la Rosa Blanca. Un bedel que había visto a los estudiantes alertó a las autoridades y poco después Hans, Sophie y también Christ Probst serán detenidos. En pocos días serán juzgados en un juicio que fue una auténtica farsa y ejecutados de manera inminente. Poco después el resto de miembros de la Rosa Blanca, Kurt, Willi y Alex también serán asesinados. 


De izquierda a derecha y de arriba abajo:
Hans Scholl, Sophie Scholl, Kurt Huber,
Christ Probst, Alex Schmorell y Willi Graf.

Se deben resaltar las premonitorias palabras de los hermanos Scholl dirigidas al tribunal al escuchar su sentencia de muerte: “Donde hoy estamos nosotros, dentro de poco estaréis vosotros”. A pesar del fin de la Rosa Blanca con el asesinato de sus miembros, simpatizantes de la organización lograron difundir los textos de la Rosa Blanca entre los países que luchaban contra Alemania, produciéndose en los meses siguientes el lanzamiento de las hojas de la Rosa Blanca  sobre las ciudades alemanes desde los aviones de los países del bloque aliado.

A día de hoy, el pensamiento más extendido es que protestar o rebelarse contra la injusticia sirve de poco, de ello nos quieren convencer, pero, más allá de ese conformismo permanente al que nos quieren condenar, vale la pena volver al inconformismo, rebeldía o lucha aunque solo sea por el hecho de homenajear a quienes, como los miembros de la Rosa Blanca, murieron en  nombre de la libertad. Porque todavía brilla el sol.

Enrique González.

Si queréis saber más
 
Libro:
-García Pelegrín, J. M. La Rosa Blanca, los estudiantes que se alzaron contra Hitler. Madrid, Libros Libres, 2006.

-Película:
Rothemud, Marc. Sophie Scholl, los últimos días. (2005).